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A fecha de hoy, conociéndose hasta extremos razonables la biografía de Jorge Luis Borges, no es difícil aventurar de dónde le vino a Borges la idea para escribir “El libro de arena”.
Se sabe que en 1962 Borges pasó por delante de las oficinas de Marvel, situadas en aquellos días en el 387 de Park Avenue South, NYC; su acompañante y chófer le hizo algún comentario sobre los tebeos, y el argentino quiso en ese momento visitar la redacción, donde, tras explicaciones del encargado, Borges quedó fascinado por toda aquella iconografía del bien y del mal: cerró los ojos y enunció la frase “Les tocó en suerte una época extraña” [sentencia que años más tarde retomaría en su olvidable poema “Juan López y John Ward”] Ese mismo día se ofreció como guionista para la Marvel, puesto que ocupó hasta 1968, justo cuando mientras en París los estudiantes tomaban las calles él afirmaba, “¿imaginación al poder? ¿Qué más quieren si ya estoy yo en la Marvel?”.
Carezco de avanzados conocimientos en cómics, y mucho menos en la obra de aquel al que en la redacción de Marvel llegaron a llamar El Maestro Implícito, o Su Ciega Majestad, pero para un estudioso en ambas disciplinas no será difícil rastrear en las peripecias de los superhéroes Marvel toda una serie de analogías con ciertas mitologías escandinavas, porteñas, así como isomorfismos más estructurales, abstractos, referentes al tiempo newtoniano, el laberinto barroco y el espacio concebido como Recta Real: marca de la casa Borges.
Aquel primer día en las oficinas, mientras el redactor jefe le enseñaba las diferentes salas de trabajo, Borges se quitó un zapato, después otro, vació en el parquet la arena que contenían, “es que hemos ido a la playa -dijo el acompañante-, don Jorge Luis tenía mucha ilusión por mojarse los pies en el río Hudson, ya venía en el avión todo el rato diciéndomelo”, y fue entonces cuando Borges señaló con su pie desnudo el pequeño montón de arena, y dijo dirigiéndose al encargado, “si con este desecho geológico conseguimos construir un héroe más poderos que cualquiera de los helénicos, diré por el mundo que la Marvel es el paso del logos al mito, un regreso colosal e inexplicable a lo que existía antes del Tiempo”. Se sentó, dictó, y tardó sólo 30 minutos en armar toda la saga de El Hombre de Arena. Los dibujantes, 1 año en llevarla al papel.
Agustín Fernández Mallo, El hacedor (de Borges), Remake, Madrid, Alfaguara, 2011, pp. 29, 30.